Por América Romualdo

El movimiento de mujeres salvadoreñas al inicio de los años noventa realizó un proceso participativo a nivel nacional de diagnóstico de la situación y posición de las mujeres salvadoreñas. Este dio como resultado la elaboración de una plataforma de demandas de las mujeres, dicho esfuerzo se denominó “Mujeres 94”. En esta plataforma se retomaban las demandas priorizadas y una de esas que se consideraba que era fundamental que las mujeres accedieran a puestos de toma de decisión para intentar garantizar que los intereses de las mujeres fueran tomados en cuenta.

A partir de entonces han existido diferentes iniciativas desde el movimiento de mujeres, las feministas y desde las organizaciones de mujeres para impulsar mecanismos que garanticen tal objetivo. Así tenemos que en noviembre de 1997 la Iniciativa de Mujeres por la Igualdad en la Participación Política presenta unas propuestas de reformas al código electoral que tienen como objeto garantizar una cuota de participación política de las mujeres en un 40%, en los cargos de elección popular, en la institucionalidad de los partidos políticos y del Tribunal Supremo Electoral. La referida propuesta no ha logrado ser aprobada, ya que no cuenta con respaldo de los partidos políticos, que argumentan que tales mecanismos no son necesarios.

Durante los últimos 10 años hemos observado que, en lugar de incrementarse la participación de las mujeres en nuestro país es una medida que debe tomarse para garantizar que las mujeres podamos participar, tomar decisiones y democratizar al país.

En el año 2002 se firmó un pacto por más mujeres en la participación política, donde organizaciones de mujeres que ya venían realizando esta demanda intentan fortalecer su planteamiento, y al que se sumaron otras organizaciones que se han ido formando y consolidando de las funcionarias y ex funcionarios tanto de concejos municipales como de la Asamblea Legislativa, estas organizaciones son ANDRYSAS y ASPARLEXAL.

La organización de las mujeres en relación a la participación política ha dado en los últimos años un potencial a la posibilidad de lograr mayor inclusión, se ha logrado incidir en algunos espacios de la institucionalidad y mantener el debate permanente, aunque los resultados electorales cada vez más reflejan menos participación las mujeres.

En estos últimos 10 años, desde las diferentes iniciativas del movimiento del mujeres que van desde reformas legislativas a campañas de sensibilización para lograr que se incremente la participación de las mujeres, ha logrado efectivamente crear mayor conciencia de que la democracia debe incluir a las mujeres en la toma de decisión.

Más recientemente se ha impulsado una ley de igualdad de oportunidades que pueda ser una ley marco para garantizar medidas afirmativas para garantizar en la realidad la aspiración de que las mujeres puedan participar equitativamente en todos los niveles de toma de decisión del país. Pero debido a que esta ley no tiene mucho respaldo ni de legislativo, los partidos políticos, desde el respaldo ni del legislativo, los partidos políticos, desde el año pasado se ha impulsado una Campaña para recolectar 100,000 firmas por la democracia, con el fin de fortalecer el respaldo a una legislación que garantice la inclusión y permanencia de las mujeres en los cargos de elección popular.
Por otra parte nuestro Estado se ha comprometido en la Plataforma de Acción de Beijing con lo siguiente: “… establecer el objetivo del equilibrio entre mujeres y hombres en los órganos y comités gubernamentales, así como en la entidades de la administración pública y en la judicatura, incluidas, entre otras cosas, la fijación de objetivos y medidas de aplicación a fin de aumentar sustancialmente el número de mujeres con miras a lograr una representación paritaria de las mujeres y los hombres, de ser necesario mediante la adopción de puestos gubernamentales y de la administración pública”[1]. Y tras 10 años de haberse celebrado la Conferencia Mundial sobre la Mujer, los avances en materia de acceso al poder en igualdad de condiciones son todos mínimos y no sostenibles.
Las mujeres organizadas estamos convencidas que las mujeres, debemos participar activamente en la vida política y en las decisiones que se toman a todo nivel en la sociedad, porque es necesario cambiar el simbólico establecido por el patriarcado en el que los privilegios y la posibilidad de elegir y tomar decisiones es un monopolio de los hombres. Es necesario que nuestra sociedad y las nuevas generaciones de salvadoreños y salvadoreñas tengan la posibilidad real de acceder a cargos de representación y de poder público y comunitario.

Pero también es importante cambiar el contenido de las prioridades y decisiones nacionales. Hasta este momento es sólo una parte de la población la que está decidiendo en función de los intereses y beneficios, por lo tanto los intereses de la otra parte de la población (que es la mayoría) no se ve beneficiada con tales decisiones. Podemos analizar muchos ejemplos que nos evidencian el poco contenido de beneficio hacia las mujeres de las políticas decididas mayoritariamente desde los intereses masculinos; veamos por qué no destinan fondos significativos al cuido de niños y niñas, porque descansa en el trabajo no remunerado que las mujeres realizan sin importar que sea en detrimento del desarrollo y bienestar de las mismas. Este no es un interés de los hombres porque ellos jamás se preocupan de quien cuidará a sus hijos y, por lo tanto, les dará lo mismo de tener uno que diez, porque existe poca efectividad por parte de la institucionalidad para responsabilizar económicamente y afectivamente a los padres (hombres). También por qué no se logran establecer políticas contra la discriminación en el trabajo si cada vez se constata que las mujeres ganan menos salario por un trabajo igual, creen que esto no tiene que ver con unos intereses de género de los que toman las decisiones de lo prioritario en nuestra sociedad.
Por lo tanto, nuestra demanda de más mujeres en los cargos de decisión sí pretende cambiar el orden simbólico masculino, pero también establecer una democracia de los contenidos sobre los cuales se decide, y, por lo tanto, esta demanda sigue siendo un reto para todas las mujeres de El Salvador.
[1] Plataforma de Acción Mundial de Beijing párrafo 190

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