Por María Teresa Trejo Ávalos

Desde la crítica feminista se ha reflexionado mucho sobre cómo los medios de comunicación han distorsionado la imagen de las mujeres, tomando de la realidad sólo aquello que es funcional a un sistema construido por y para los hombres. De ahí la relación entre cómo nos ven y cómo se nos proyecta. En ese sentido, desde las luchas políticas de las mujeres, las demandas por la igualdad de los salarios y de las funciones, por el acceso al poder en las instituciones del Estado, etc. Es que partimos para considerar los niveles de desarrollo alcanzados en nuestros países y cómo se reflejan en los medios.

Antes que nada hay que reconocer que ha habido avances significativos en los últimos tiempos, aun cuando importantes segmentos de la población, mantengan cánones culturales tradicionales. Pero cada vez más se está generalizando la idea de que son muchas las mujeres que se resisten a los atributos tradicionalmente considerados como femeninos.

A pesar de que este nuevo imaginario vaya creciendo, al ser invisibilizado por los medios los cambios de fondo son lentos y desiguales. En ese sentido, para reflexionar sobre el papel de los medios de comunicación en todo esto, debe empezar tomándose en cuenta los diversos factores, que a pesar de todo, persisten en nuestras sociedades con sistemas sexo/género activos, y que es necesario cambiar por un verdadero desarrollo.

El papel de los medios de comunicación

Los medios de comunicación juegan un papel muy importante en la sociedad actual, tal como Javier Erro (1995) lo afirma, influyen y condicionan el comportamiento y pensamiento de personas y sociedades, tornándose en “creadores de opinión”. Es decir, que si partimos de que el periodismo es el instrumento que crea y recrea la historia cotidiana, que refleja puntos de vista; etc. Y que al definirse como cuarto poder se le reconoció su capacidad de influencia sobre el acontecer cotidiano. Hoy día se habla de que esa opinión participa directa o indirectamente en el desarrollo y aplicación de políticas públicas.

De ahí lo alarmante de que aún sean muchos los medios que expongan una visión reducida, sin aportar otra imagen de la mujer, sin reconocer el saber acumulado de las mujeres como motor de cambio, silenciándolas, encubriendo sus historias y omitiendo sus acciones.

Primero, hay que reseñar la existencia de “temas de mujeres”, es decir, la creencia de que las destinatarias de los medios se interesan fundamentalmente en aquellas secciones que se ocupan de los eventos sociales, de la salud o de la cultura y el arte. Son esos los temas en los que las mujeres se vuelven importantes fuentes de información y opinión. Algunos concentran en sus especiales destinados a mujeres toda la información referida a la educación y cuidado de la infancia y al trabajo doméstico, excluyendo las noticias y opiniones sobre política o economía. De esta manera, reproducen la división social entre lo público y lo privado y la asignación a las mujeres a este último espacio.

Segundo, es importante señalar que la figura femenina es tratada de manera muy estereotipada; como víctimas de las agresiones, como subordinadas, sin opinión propia, en resumen; como un colectivo uniforme que no tiene intereses variados y convertido en objeto de la información más que en promotora de la misma, menos aún se le trata como protagonista de diversas luchas de interés nacional.

La problemática de la violencia en los medios

La mayor parte de la información sobre violencia que aparece en prensa escrita se dedica a narrar hechos de agresión – violaciones, intentos de violación, violación con asesinato, etc.-, la mayoría denunciados. Destaca el dato de que las y los lectores reciben una información de casos de violencia en mucha más proporción que opiniones o análisis sobre el tema. Esto no significa, sin embargo, que los casos destacados reflejen el comportamiento de la denuncia de las agresiones contra las mujeres. Según datos del Instituto de Medicina Legal, el número de denuncias sigue una pauta ascendente año con año.

Las causas que están a la base de la violencia que sufren las mujeres es un tema siempre en debate. Un fenómeno complejo que no puede ser saldado con afirmaciones ligeras que, lejos de ayudar a entender y actuar con mayor eficacia, confunden y entorpecen las acciones que se toman para enfrentarlo. Los medios de comunicación en su mayoría enfocan el problema en torno a la salud mental de los agresores y a sus problemas con el alcoholismo, aún estando demostrado que la mayoría de los hombres agresores son psiquiátricamente normales.

Otro recurso explicativo utilizado por los y las periodistas con frecuencia es el alcoholismo sobre la causa de la violencia. Aunque el alcohol puede desencadenar con mayor facilidad situaciones de violencia entre la pareja, también se sabe que hay muchísimas agresiones en donde no había huella de alcohol o de drogas.

Parece que todos los avances de investigaciones y estudios sobre la violencia no tienen lugar en el espacio periodístico que crea opinión; reproduciéndose las mismas explicaciones tradicionales sin fundamento y plagadas de prejuicios.

Uno de los mayores factores de riesgo en la violencia son los estereotipos de lo que significa ser hombre y ser mujer. La agresión y la sumisión asignadas respectivamente a uno y otro sexo son elementos que forman la identidad de las personas que entran en juego en situaciones de violencia.

La representación de la pobreza en la prensa escrita

El tema de la pobreza es el que tiene una repercusión menor en la prensa. Es importante observar cómo se refleja en los periódicos el fenómeno de la “feminización de la pobreza”; es decir, la tendencia a que los hogares donde las mujeres son las únicas proveedoras se ubiquen entre los más pobres.

Las notas sobre este tema se encuentran en forma de artículos publicados en la sección nacional, aunque hay un importante número de reportajes sobre la situación de pobreza de las mujeres que aparecen en los suplementos. Estos reportajes suelen hacer énfasis en las carencias de la familia pobre y en el sufrimiento de las mujeres para sacar adelante su familia. La relación de estos casos particulares con el fenómeno social de la feminización de la pobreza suele estar ausente, ya que los reportajes suelen priorizar el aspecto emotivo por sobre el análisis.

Las mujeres en los medios masivos

En esta manera de concebir y reflejar a las mujeres juega un papel importante el hecho de que la mayoría de los medios de comunicación son controlados por hombres y, a pesar del incremento de la presencia femenina en esta parcela laboral, siguen siendo hombres los que ocupan las posiciones clave y los que monopolizan ciertas secciones de los medios como las de política, economía y deportes.

En El Salvador, como en la mayoría de países latinoamericanos a pesar de la llegada creciente de mujeres a los medios de comunicación, especialmente después del conflicto armado, no se ha generado un efecto directo en la visión de la producción mediática.

El aumento de la participación de la mujer en los medios de comunicación no corresponde con una mayor presencia femenina en cargos de poder y decisión. Bastó darle un vistazo en agosto del 2004 a quiénes conducen los espacios de entrevistas en la televisión salvadoreña y vemos que el 70.6% de las entrevistas televisivas son dirigidas por hombres y sólo un 29.4% por mujeres, y de este porcentaje algunas franjas son compartidas con compañeros hombres y uno de los espacios de entrevistas es parte de un programa dedicado exclusivamente para mujeres, donde se tratan “los asuntos de mujeres”, con temas frecuentes con la belleza, dietas, alimentación, familia, desarrollo humano, etc.

Esta visión sexista que se tiene de la mujer y su ausencia en los contenidos de la información noticiosa se sigue manifestando a pesar de la amplia participación femenina en la elaboración de los contenidos y mensajes que producen los medios. Veamos el cuadro siguiente, que recoge la ubicación porcentual por sexo en la autoría de las notas según las secciones de 3 de los principales periódicos nacionales (agosto 2004), podemos ver que el total de notas periodísticas el 69.3% tiene autoría de hombres; y solo el 30.37% fueron escritas por mujeres; vemos también la ausencia de mujeres en secciones como opinión, deportes y política.

Ubicación porcentual por sexo en la autoría de las notas (agosto 2004) DAR CLICK SOBRE TABLA PARA VER LOS DATOS

De ahí, en los últimos tiempos, no se ha reflejado un cambio tan significativo en los contenidos de la producción mediática; ya que, como en otras esferas del hacer público, se repiten las formas de hacer y jerarquizar las noticias; y en la práctica, se siguen ocultando las condiciones de las mujeres y se mantiene el modo de hacer periodismo con las misma visión patriarcal.

Así, mirando del otro lado del micrófono, vemos que la figura femenina es tratada caso como un colectivo uniforme que no tiene intereses variados y que se convierte en objeto de la información más que en promotora de la misma; y menos aún se le trata como protagonista de diversos temas y luchas de interés nacional.

En este sentido hay que ponerle atención al lenguaje, éste es parte fundamental de nuestro pensamiento, y no sólo expresa ideas sino que también las produce.

Lo que no se nombra, no acaba de existir. Las mujeres invisibilizadas en el genérico masculino no pueden reconocer las especificidades de sus vivencias. Pensamientos sexista- lenguaje sexista- pensamiento sexista, es un círculo que tenemos que empezar a romper y en esa tarea de los medios también tienen un papel protagónico.

Por otra parte, cientos de miles de mujeres en todo el mundo no quieren ser invisibilizadas en genéricos masculinos porque, generalmente, cuando se habla de las problemáticas de los hombres se ignoran las condiciones en que viven las mujeres. Un ejemplo de ello lo hemos visto en el tratamiento que dan los periódicos al tema de pobreza.

Porque en el desarrollo de nuestros países es fundamental el papel que los medios masivos de comunicación pueden jugar en la no reproducción y fomento lenguajes y actitudes de menosprecio hacia las mujeres, de invisibilización de sus luchas y de minimización de sus reflexiones. Es de vital importancia que la situación de más de la mitad de la población sea abordada de manera seria, que no se siga reproduciendo imágenes femeninas estereotipadas que no coinciden con la existencia de una población femenina diversa en intereses, en opiniones, en preocupaciones, en condiciones de vida, etc.

Un compromiso ético con las mujeres y la sociedad.

Sabemos que el reflejo de la mujer en los medios masivos de comunicación demanda ir más allá de la sensibilización de las y los periodistas sobre la situación de las mujeres, porque es un compromiso social con las mujeres de todos y todas exigir acciones concretas que puedan ser evaluadas. Pero los medios también tienen la obligación, si quieren ser útiles a la sociedad, de reflejar la realidad y sus cambios. Tenemos el desafortunado honor de aparecer en segundo lugar en los índices de violencia en el plano latinoamericano, la población es consciente de ello. ¿Existe la misma conciencia sobre la gravedad de la violencia de género? Si tomamos como referencia el tratamiento que la prensa da a la violencia contra las mujeres la respuesta es negativa. Un tratamiento poco sistemático, poco serio, centrado en el impacto de casos más que en el análisis del problema es el común denominador.

Esta manera de abordar las problemas que interesan a las mujeres también está relacionada con las fuentes que sirven para la elaboración de las noticias. Hasta ahora, las organizaciones de mujeres no son un referente importante para la prensa que sigue alimentando sus páginas de la información que le proporcionan las instancias públicas y que no se toma la molestia de contrastarla para crear un verdadero diálogo en los cambios.

Esta no es una labor fácil; es difícil ir rompiendo los muros de la inmovilidad y las ideas de que no es posible cambiar; pero también es parte de un principio y un compromiso en nuestra labor de comunicadoras y comunicadores. Este propósito sólo nos está demandando una práctica profesional con veracidad, contexto de la realidad, investigación y ejercicio ético.

Es una esperanza el que cada día se incorporan más y más mujeres en los medios, y si todas, y también todos nos esforzamos, es posible que avancemos hacia otro contenido y otra jerarquización en la producción noticiosa; y estaremos así aportando otro tipo de periodismo.

De ahí que el gran reto es encontrar las mejores vías para que se produzcan transformaciones profundas en el contenido y en la democratización de los medios, que recojan una visión de género, no sexista y democrática. Aun siendo consciente de todos los retos que esto significa, como comunicadora y feminista, me atrevo a señalar:

- Que en el quehacer periodístico cotidiano se profundice en el conocimiento de la situación social de las mujeres y difunda los datos y estadísticas relativos a la misma.
- También superar esos valores culturales que no nos dejan ver a las mujeres al hablar de economía, política o cultura. Esto nos dará una perspectiva distinta de un mismo hecho.
- Reconocer que los cambios en los papeles de hombres y mujeres se convierte en un referente básico en la tarea periodística. Hay que también develar esos cambios, saber cuándo y cómo operan en los contenidos y mensajes de los medios.
- Empezar a cuestionarnos cómo jerarquizamos esa información y cómo podemos influir para que sea más democrática, incluyente, plural; que sea genérica, y que considere la diversidad de opiniones, acciones y acontecimientos.
- Y estudiar el imaginario y explorar cómo se mantiene invariable la estructura donde la feminidad se ve subordinada a la masculinidad, es otro de los grandes desafíos que puede dar pautas a un periodismo moderno, incluyente, con nuevos temas y motivos de investigación.

Palabras que en el Foro Más allá de los retos en el periodismo del siglo XXI (septiembre 2000) diera la periodista feminista mexicana, Sara Lovera, coordinadora general de CIMAC: “…Queremos que se refleje esta realidad y las otras, que compartimos con los varones, la de todas las desigualdades, la de la pobreza y la falta de oportunidades. Pero compartir con los hombres esa realidad, no justifica el subsumirnos en ella, cuando tenemos otras cosas que decir y otras vivencias, miradas, deseos, propuestas y realidades. Queremos que se cuente esa diferencia, que se note esa diferencia…”

No hay comentarios:

Publicar un comentario