PRESENTACIÓN

Si Las Dignas miráramos atrás, veríamos 15 años recorridos. Veríamos, a estas alturas, que ya tenemos mucha historia que contar. Observaríamos una historia de luchas, de nuevas propuestas de construcción de una sociedad auténtica democrática y, sobre todo, una defensa férrea de los derechos de las mujeres, de la reivindicación de la mujer como sujeta política y como actora social. Una lucha impostergable, urgente e importante, y, cómo no, un gran desafío.

Y sabríamos que nunca ha sido una lucha fácil. Aún así, desde el 14 de julio de 1990, fecha en la que nacimos Las Dignas como organización, muchas mujeres hemos estado y continuamos luchando por lo que creemos.

Desde el año 2001, Las Dignas hemos venido divulgando “La Boletina”, una publicación anual que nos ha servido como instrumento de contenido analítico de las actividades desarrolladas por la institución, también como soporte de difusión de nuestro planteamiento teórico feminista y siempre como aspiración de “obra colectiva”, auténticamente institucional.

A partir de la “Boletina 2002” se varió el perfil y el contenido de la revista, pasando del recuento de actividades institucionales a un esfuerzo de mayor análisis y reflexión. Se buscó también la complementariedad con nuestro Boletín electrónico “Dignas Solidarias”, que mensualmente recoge el quehacer de Las Dignas. También el Boletín electrónico ha tenido cambios, a fin de mejorar su presentación y contenido.

A principios del 2006, nuestra nueva revista vuelve a salir a la luz, renovada. Sigue siendo el medio desde el cual procuramos aportar elementos teóricos y prácticos para el análisis crítico feminista.

Ahora, tras un nuevo diseño y un nuevo nombre, La Sihuehuet, se exponen artículos de análisis feminista en los que compartimos nuestras propuestas de construcción de una sociedad de una sociedad plena de derecho, a través de la intervención en diferentes ámbitos: educación, participación política, desarrollo local, empleo, derechos sexuales, etc.

Y también reservamos un espacio para que las mujeres hagan oír su voz con libertad; voces tantas veces calladas e ignoradas.

Manteniendo estos mismos objetivos, el perfil de la que hasta ahora ha sido La Boletina ha cambiado, y con él, cómo no, ha cambiado su nombre. Elegimos llamar a la nueva revista La Sihuehuet por varias razones. La primera, porque La Sihuehuet o Siguanaba es una antigua leyenda salvadoreña que representa el sincretismo de nuestra cultura y nuestra esencia.
Y segundo, porque no es cualquier leyenda, sino que cuenta sobre la represión a la que nuestra sociedad somete a las mujeres. Por no ser La Sihuehuet una mujer convencional, que cumpliera con todo lo que ella se esperaba, se la catalogó de bruja y se le castigó otorgándole fealdad y condenándola a vagar por las quebradas.

Así, queremos mostrar cómo desde la cultura y las tradiciones también se ha atado a las mujeres a estereotipos sexistas y patriarcales. Aquí es donde hemos visto reflejado el castigo que aplica de manera impecable la sociedad a la mujer que quiere ser libre, ser dueña de su cuerpo y de su vida.

A todas esas estudiantes, campesinas, trabajadoras, maestras, lideresas, políticas, luchadoras, supervivientes, y, simplemente, mujeres valientes, va dedicada esta nueva revista. Esperemos que sirva como un instrumento que facilite elementos para el debate feminista, para afianzar ideologías, para denunciar situaciones injustas y crueles, para saber que no estamos solas, que somos muchas en esta lucha por la igualdad y la justicia. Y para convencer de que es mucha la decisión y la fuerza que tenemos.

Cada una de las páginas de La Sihuehuet es un grito por la resistencia y representa nuestro más profundo sentimiento feminista, nuestra lucha personal. Confiamos en que su lectura les aporte ganas para seguir exigiendo que el ejercicio real de la ciudadanía de las mujeres sea algo real e incuestionable.
Por: Mercedes Umaña

Sentadas a la mesa hay más de veinte mujeres. El tema de discusión: la construcción del movimiento feminista, pero esta vez desde las luchas específicas como mujeres engras, afrodescendientes, indígenas y mujeres de color en Toronto. Hay pláticas simultáneas, las conocidas se saludan, otras tantas se dirigen a una mesa cercana a ver si alcanzan a devorar algún que otro bocadillo.

El escenario se parece mucho a otras reuniones en las que las mujeres tratamos de buscar salidas a los problemas de la injusticia y opresión que nos aquejan, pero en este caso se trata de la subseccional INCITE en Toronto.

Esta iniciativa tiene la particularidad de poner al descubierto una de las grandes realidades del mal llamado “primer mundo” específicamente en cuanto a la equidad de género es algo que todavía no se ha alcanzado ni de lejos en lo referente a las mujeres negras/ afrodescendientes, indígenas, y a las mujeres de color.

Pero ¿cómo es posible que no haya equidad de género en Canadá y Estados Unidos, si cada vez que el PNUD saca los listados de los países desarrollados éstas y otras tantas potencias mundiales salen en los primeros lugares? ¿Es que la consecución definitiva de la igualdad entre hombres y mujeres de todas las razas no es una condición básica para el adecuado desarrollo de un país?

DENUNCIAS DE INCITE
Los planteamientos en las reuniones de INCITE dan una pauta acerca de los problemas y desafíos más fuertes:

Los indicadores de salud de las y los indígenas que viven en las reservaciones son peores que los datos reportados por las Naciones Unidas para los llamados “países en desarrollo”.

La brutalidad policial hacia las personas indígenas, negras y de color sigue en aumento. Estas poblaciones se encuentran sobre representadas en las cárceles de Estados Unidos y Canadá, no por la eficiencia del sistema de justicia, sino por el crecimiento de la industria carcelaria y del poder militarista policial de los Estados (¿Se han preguntado quién se gana las licitaciones para la construcción de las cárceles? ¿O qué supermercados proveen los víveres para la alimentación de las reclusas y los reclusos? ¿Qué compañías están detrás de la prestación de servicios y bienes para estas personas?).

La coyuntura post 11 de septiembre dio luz verde a la aprobación de leyes que contravienen derechos fundamentales de la ciudadanía, estableciendo sistemas de investigación basados en la sospecha arbitraria de los agentes policiales y de migración. Hoy en día, tener un apellido que suene árabe, cubrirse el cabello, pertenecer a un grupo étnico o raza que genere rechazo a cualquier agente policial dentro o fuera de un aeropuerto puede significar ser interrogada y privada de libertad indefinidamente.

La discriminación laboral y educacional prevalece en Norteamérica. Prueba de ello es que las mujeres negras, afrodescendientes, indígenas y de color se encuentran sobre representadas en ocupaciones peor pagadas, que las exponen a sustancias tóxicas y sin ninguna prestación laboral.
Para las mujeres indocumentadas, el riesgo de la deportación implica una mayor vulnerabilidad, tanto es así que para la mujer “sin papeles” es usual trabajar “como burra” para no recibir casi nada a cambio, más que una amenaza del patrón de guardar silencio o si no llamará a migración.
Para las mujeres que experimentan violencia en el contexto de sus relaciones de pareja, la situación sigue siendo preocupante. Tanto en las relaciones heterosexuales como lésbicas, al buscar ayuda para salir de una relación abusiva, frecuentemente las sobrevivientes se encuentran con un sistema lleno de trabas y discriminación, a tal punto que en repetidas ocasiones se ha documentado que la policía reporta a migración a mujeres inmigrantes que llaman al 911 denunciando sentirse amenazadas o estar siendo atacadas por sus compañeros de vida. Las denunciantes terminan en muchos casos recluidas en centros de detención mientras esperan su deportación.

En material de salud, se han documentado prácticas de esterilización forzada en mujeres indígenas, negras y de color. Casos frecuentes revelan la práctica de recomendar histerectomías como única alternativa para el tratamiento de fibromas limitando así el derecho a decidir debidamente informada. Otra práctica común es la de promover el uso de medicamentos tóxicos en estas poblaciones, tal es el caso del conocido anticonceptivo Depo Provera oNorplant.
En cuanto al sistema social, mecanismos institucionales como las llamadas “Sociedades para la Protección de la Infancia”, originalmente creados para proteger a las niñas y los niños, terminan siendo utilizados como mecanismos para la represión e invasión de las mujeres en su rol de madres. Todo esto contribuye a la noción racista de las mujeres negras, afrodescendientes, indígenas y de color como las malas madres, cuya capacidad reproductiva merece ser controlada.
La lista podría continuar, como una letanía de necesidades urgentes para las cuales se necesita un movimiento feminista transnacional negro, afrodescendiente, indígena y de color. Esta descripción superficial de algunas de las luchas de las mujeres emigrantes denota la necesidad cada vez más urgente de entablar un diálogo sostenido entre las mujeres del “Sur” y las mujeres del “Sur” que vivimos en el “Norte”.

Igual que en el VII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, INCITE se cuestiona el rol de las instituciones en la movilización de las mujeres negras, indígenas y de color. La diferencia es radical. Las instituciones tienden a ver a las mujeres como usuarias de servicios, como meras receptoras de acciones generadas por las instituciones con consultas superficiales. Igualmente INCITE ubica la necesidad de reconocer el derecho a no culpabilizar a aquellas feministas asalariadas en instituciones gubernamentales, semi-autónomas u ONGs.

Sin embargo, sí se cuestiona un reto gigantesco para las feministas que llegan a esos puestos y es la pregunta que en algún momento Las Dignas se plantearon en su misión…¿Cómo generar movimiento de mujeres? ¿Cómo generar movilización desde las identidades y necesidades de las oprimidas?¿ Cómo resistir en un sistema en el que las opresiones en múltiples flancos sofoca los más pequeños intentos de resistencia?

Desde mi punto de vista, esto sólo es posible saliéndonos fuera de las predeterminaciones institucionales y volviendo a las raíces del contacto entre mujeres: fuera de la oficina, en los barrios, en la plática cotidiana, en el metro de Toronto, en la ruta 44 que va para Metrocentro, usando más el Internet entre nosotras y no sólo para mandar los “informes de trabajo”, para que nos contemos qué es lo que nos funciona para generar cambio en nuestras familias, para salir de la noción del “vos allá y yo aquí” y construir un “nosotras.”
Por América Romualdo

El movimiento de mujeres salvadoreñas al inicio de los años noventa realizó un proceso participativo a nivel nacional de diagnóstico de la situación y posición de las mujeres salvadoreñas. Este dio como resultado la elaboración de una plataforma de demandas de las mujeres, dicho esfuerzo se denominó “Mujeres 94”. En esta plataforma se retomaban las demandas priorizadas y una de esas que se consideraba que era fundamental que las mujeres accedieran a puestos de toma de decisión para intentar garantizar que los intereses de las mujeres fueran tomados en cuenta.

A partir de entonces han existido diferentes iniciativas desde el movimiento de mujeres, las feministas y desde las organizaciones de mujeres para impulsar mecanismos que garanticen tal objetivo. Así tenemos que en noviembre de 1997 la Iniciativa de Mujeres por la Igualdad en la Participación Política presenta unas propuestas de reformas al código electoral que tienen como objeto garantizar una cuota de participación política de las mujeres en un 40%, en los cargos de elección popular, en la institucionalidad de los partidos políticos y del Tribunal Supremo Electoral. La referida propuesta no ha logrado ser aprobada, ya que no cuenta con respaldo de los partidos políticos, que argumentan que tales mecanismos no son necesarios.

Durante los últimos 10 años hemos observado que, en lugar de incrementarse la participación de las mujeres en nuestro país es una medida que debe tomarse para garantizar que las mujeres podamos participar, tomar decisiones y democratizar al país.

En el año 2002 se firmó un pacto por más mujeres en la participación política, donde organizaciones de mujeres que ya venían realizando esta demanda intentan fortalecer su planteamiento, y al que se sumaron otras organizaciones que se han ido formando y consolidando de las funcionarias y ex funcionarios tanto de concejos municipales como de la Asamblea Legislativa, estas organizaciones son ANDRYSAS y ASPARLEXAL.

La organización de las mujeres en relación a la participación política ha dado en los últimos años un potencial a la posibilidad de lograr mayor inclusión, se ha logrado incidir en algunos espacios de la institucionalidad y mantener el debate permanente, aunque los resultados electorales cada vez más reflejan menos participación las mujeres.

En estos últimos 10 años, desde las diferentes iniciativas del movimiento del mujeres que van desde reformas legislativas a campañas de sensibilización para lograr que se incremente la participación de las mujeres, ha logrado efectivamente crear mayor conciencia de que la democracia debe incluir a las mujeres en la toma de decisión.

Más recientemente se ha impulsado una ley de igualdad de oportunidades que pueda ser una ley marco para garantizar medidas afirmativas para garantizar en la realidad la aspiración de que las mujeres puedan participar equitativamente en todos los niveles de toma de decisión del país. Pero debido a que esta ley no tiene mucho respaldo ni de legislativo, los partidos políticos, desde el respaldo ni del legislativo, los partidos políticos, desde el año pasado se ha impulsado una Campaña para recolectar 100,000 firmas por la democracia, con el fin de fortalecer el respaldo a una legislación que garantice la inclusión y permanencia de las mujeres en los cargos de elección popular.
Por otra parte nuestro Estado se ha comprometido en la Plataforma de Acción de Beijing con lo siguiente: “… establecer el objetivo del equilibrio entre mujeres y hombres en los órganos y comités gubernamentales, así como en la entidades de la administración pública y en la judicatura, incluidas, entre otras cosas, la fijación de objetivos y medidas de aplicación a fin de aumentar sustancialmente el número de mujeres con miras a lograr una representación paritaria de las mujeres y los hombres, de ser necesario mediante la adopción de puestos gubernamentales y de la administración pública”[1]. Y tras 10 años de haberse celebrado la Conferencia Mundial sobre la Mujer, los avances en materia de acceso al poder en igualdad de condiciones son todos mínimos y no sostenibles.
Las mujeres organizadas estamos convencidas que las mujeres, debemos participar activamente en la vida política y en las decisiones que se toman a todo nivel en la sociedad, porque es necesario cambiar el simbólico establecido por el patriarcado en el que los privilegios y la posibilidad de elegir y tomar decisiones es un monopolio de los hombres. Es necesario que nuestra sociedad y las nuevas generaciones de salvadoreños y salvadoreñas tengan la posibilidad real de acceder a cargos de representación y de poder público y comunitario.

Pero también es importante cambiar el contenido de las prioridades y decisiones nacionales. Hasta este momento es sólo una parte de la población la que está decidiendo en función de los intereses y beneficios, por lo tanto los intereses de la otra parte de la población (que es la mayoría) no se ve beneficiada con tales decisiones. Podemos analizar muchos ejemplos que nos evidencian el poco contenido de beneficio hacia las mujeres de las políticas decididas mayoritariamente desde los intereses masculinos; veamos por qué no destinan fondos significativos al cuido de niños y niñas, porque descansa en el trabajo no remunerado que las mujeres realizan sin importar que sea en detrimento del desarrollo y bienestar de las mismas. Este no es un interés de los hombres porque ellos jamás se preocupan de quien cuidará a sus hijos y, por lo tanto, les dará lo mismo de tener uno que diez, porque existe poca efectividad por parte de la institucionalidad para responsabilizar económicamente y afectivamente a los padres (hombres). También por qué no se logran establecer políticas contra la discriminación en el trabajo si cada vez se constata que las mujeres ganan menos salario por un trabajo igual, creen que esto no tiene que ver con unos intereses de género de los que toman las decisiones de lo prioritario en nuestra sociedad.
Por lo tanto, nuestra demanda de más mujeres en los cargos de decisión sí pretende cambiar el orden simbólico masculino, pero también establecer una democracia de los contenidos sobre los cuales se decide, y, por lo tanto, esta demanda sigue siendo un reto para todas las mujeres de El Salvador.
[1] Plataforma de Acción Mundial de Beijing párrafo 190
Por Patricia Iraheta

El período posterior a los Acuerdos de Paz, considerado como de transición a la democracia ha tenido sobre su base el ejercicio del partido Alianza Republicana Nacionalista – ARENA- han jugado diferentes roles en esta transición.

A la firma de los Acuerdos de Paz, durante el período de Alfredo Cristiani (1989-1994), le siguió el compromiso de impulsar las instituciones principales que se acordaron crear como parte de este proceso en el gobierno de Calderón Sol. Es el gobierno de Francisco Flores el que se caracteriza por el cierre de posibilidades de negociación y construcción de procesos democráticos con los diversos sectores sociales. Se considera a este período como una gestión marcada por el autoritarismo y por el retroceso, un estancamiento en la democratización.

El debilitamiento de la construcción de una institucionalidad democrática ha sido proporcional a la ejecución de las políticas macroeconómicas impulsadas desde el período del gobierno de Cristiani. Con la llegada del partido ARENA al control del Órgnao Ejecutivo, en 1989, se inició un cambio importante en la política económica. Quedaron atrás años de proteccionismo y de intervención del Estado en la economía y se inició un proceso de apertura de mercado y reducción del papel del Estado como propietario de empresas y como regulador de la actividad económica. Este se expresa en el plan de Gobierno de Desarrollo Económico y Social.

Este período se caracteriza por la crisis del modelo agro exportador y por el incremente de las remesas familiares que progresivamente se han convertido en uno de los potenciales soportes de la economía. Los procesos de privatización y las medidas marcadas por las políticas de ajuste estructural han sido una constante durante los últimos quince años. Con lo anterior, podríamos confirmar que la llamada democratización se ha estancado en la medida que el proyecto económico y político de ARENA se ha consolidado y ha negado uno de sus principales principios como es de ser un “instrumento al servicio de finalidades colectivas”[1]. La precarización de las condiciones de vida ha impactado de manera desigual a los diversos estratos sociales, así como a mujeres y hombres.

Se ha considerado que los acuerdos dieron pie a la “expresión del nuevo consenso de la Nación, que implica un nuevo pacto social, una especie de refundación del Estado y de la Nación salvadoreña”[2]. Dicho consenso no ha sido capaz de avanzar más allá de la inserción dentro del poder legislativo y los gobiernos locales y convirtiéndose en la segunda fuerza política partidaria del país. La transición democrática y sus actores no han tenido potencialidad para mejorar las condiciones de vida de la población.

Sin embargo, la transición abrió algunas fisuras; pequeños espacios que, determinados por una diversidad de factores, han permitido que en materia de ciudadanía de las mujeres dieran algunos pasos, pequeños avances que han contribuido en la apertura un nuevo proceso que, aunque lento, ha tenido sobre su base la búsqueda de una ciudadanía activa de las mujeres y la transformación de las relaciones de género. Se considera que para 1994 existían ya 150 organizaciones de mujeres registradas, que realizaban esfuerzos de coordinación para diversos aspectos siendo los más relevantes el 8 de marzo Día Internacional de la Mujer y el 25 de noviembre Día de la No Violencia contra las Mujeres”[3]

El potencial organizativo adquirido durante el conflicto permitió a las organizaciones de mujeres fortalecer un movimiento político que abrió las posibilidades que los Acuerdo en sí mismos no lograron, como es de poner en las demandas públicas la condición de discriminación, exclusión y subordinación de las mujeres y hacer del sistema político un sistema que se preocupara por insertar las necesidades de las mujeres dentro de sus políticas.

Las organizaciones y expresiones del movimiento social pasaron a asumir un rol determinante en el aseguramiento del proceso, en viabilidad y dinamización determinado por la formulación de propuestas, el cabildeo y la incidencia política. La actuación del movimiento de mujeres radicalizó el debate público de la democracia, al demandar una institucionalidad favorable para las mujeres que considerara la mejora de condiciones de vida de las mujeres.

Los factores políticos que potenciaron la ciudadanía de las mujeres en este escenario y la identidad colectiva del movimiento de mujeres fueron diversos. El sentido de exclusión llevó a la necesidad de conformarse como grupo, dentro de ello se ubican coyunturas claves: dos encuentros nacionales de mujeres, uno regional, el VI Encuentro Feminista y la coyuntura electoral y Movimiento de Mujeres 94 con el cual se alcanzó una amplia participación y concertación para la formulación de la Plataforma Mujeres 94.

El contexto de las elecciones de 1994, consideradas como elecciones del siglo, abrió la posibilidad de cuestionar el rol tradicional de las mujeres en las elecciones, que hasta ese momento se había limitado a elegir por los intereses de los otros y a reproducir el mismo sistema político. Con ello, ganar consenso para que las mujeres votaran por una plataforma para ellas mismas[4] era aún un gran desafío, que si bien no contribuyó a cambiar radicalmente la estructura política, sí constituyó un hecho histórico, en tanto que posicionó en este contexto sus principales demandas.

En las elecciones de 1994 ganó nuevamente la derecha y las mujeres votaron mayoritariamente por ARENA, aunque seis de cada diez mujeres en edad de votar no lo hicieron[5]. La ajeneidad de las mujeres hacia la política fue un factor determinante, aunque también influyó la tradicional percepción de que los partidos políticos no resuelven nada. Es importante destacar también de que siglos de opresión y exclusión de las mujeres de este ámbito no se erradican con una campaña, por muy fuerte e impactante que sea, aún en las mujeres que ya están dentro del ejercicio político. Sin embargo, en el ámbito legislativo resultaron electas nueve mujeres por diversos partidos, con lo que se aumentó la representación se aumentó de 7.5% al 10.71%. La mayoría de mujeres electas, cinco, procedían de la coalición de izquierda.

Con el paso ganado en la coyuntura electoral de 1994 el movimiento de mujeres desarrolló acciones de “respaldo” para el nombramiento de dos mujeres como magistradas de la Corte Suprema de Justicia, legalización del 25 de noviembre como Día de la no violencia contra las mujeres, nombrar a una mujer como Procuradora de los Derechos Humanos[6] institución creada a partir de los Acuerdos de Paz.

Podríamos decir que, pese a todo el contexto y que las mujeres no salieron en masa a posicionarse de la plataforma y a votar en las elecciones de 1994, esta coyuntura abrió un espacio más en la ciudadanía de las mujeres, sacó de la casa aquellos en la discusión de quienes tradicionalmente los habían en sus diversas expresiones, avanzaron, al haber puesto en la agenda política sus demandas, y al posicionarse el movimiento de mujeres como sujeto político.

La década de los años noventa se caracteriza por la diversidad de conferencias internacionales[7] que buscan establecer acuerdos globales para el desarrollo social y, dentro de ello, el desarrollo de las mujeres. La IV Conferencia Mundial de la Mujer en Beijing, 1995, representa el mayor consenso de gobiernos a nivel internacional para abordar la problemática de las mujeres desde las políticas públicas. La Convención de Belem Do Pará permitió, en este mismo período, que los gobiernos de Latinoamérica impulsaran legislaciones para la erradicación de la violencia hacia las mujeres. Dichos instrumentos han sido un bastión importante para que actualmente se cuente en la institucionalidad del Estado con un marco básico legislativo, siendo los principales avances en materia de violencia y paternidad responsable[8].

Pese a que ambas problemáticas la ley reproduce la familia como ámbito “natural” de las mujeres, ha contribuido a que el problema de la violencia hacia las mujeres, ha contribuido a que el problema de la violencia hacia las mujeres constituya un delito. Con ello se ha convertido en un problema público, con todas las limitantes. Existen actualmente avances en la búsqueda de un consenso social sobre que la violencia hacia las mujeres es una violación de derechos humanos y que, por lo mismo, debe ser penalizado. Las denuncias que en un primer momento eran incipientes ahora son crecientes en la medida que las mujeres van adquiriendo conciencia del valor que tienen. La ley incluye algunos aspectos positivos en el reconocimiento de la violencia sexual como delito, incluso dentro del matrimonio. Esto constituye un hito, con el cual las mujeres tienen ahora herramientas legales para exigir derechos básicos[9].

En cuanto a la paternidad irresponsable, la ley del finiquito moral que obliga a los candidatos a cargos públicos a presentar antes de asumir un cargo de elección popular, la constancia de no deudores en materia de cuota alimenticia y el decreto para el aguinaldo de niñas y niños, implicaron decretos legislativos que hicieron de la demanda de cuota alimenticia, a través de la Asociación de Madres Demandantes, un hecho político que llevó la paternidad irresponsable a la discusión legislativa y ejecutiva. Aunque la paternidad irresponsable sigue siendo una problemática en la sociedad salvadoreña, el hecho de que las personas candidatas a cargos públicos deben estar exonerados por la Procuraduría General de la República del pago de cuota alimenticia y que este constituya un requisito para la asunción de cargos públicos ha resignificando la manera de asumir funciones públicas, en tanto que para ellos se necesita estar solvente de responsabilidades ante las cuales se podía actuar con impunidad, presentándose por un lado como funcionarios y, por otro, como padres irresponsables.

En este mismo marco, se inició el proceso de formulación de la Política Nacional de la Mujer, tomando como parámetros los compromisos asumidos por el gobierno en Beijing y la Plataforma de Mujeres 94. Para su cumplimiento y ejecución fue creado el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de las Mujeres, ISDEMU, con aprobación de la Asamblea Legislativa. El rol que este asumiría sería el de ser el ente rector, crear estrategias, gestionar recursos para su cumplimiento ante instituciones sociales, entre ellos las organizaciones de mujeres. Tanto la PNM como el ISDEMU posicionaron dentro del Estado las demandas de las mujeres que los partidos políticos no incluyeron directamente en sus agendas.
Si bien las mujeres en este período tampoco hemos ganado más poder político formal, es decir, que no se ha logrado llegar de forma equitativa a los espacios donde se toman las decisiones: con las formas de hacer política desde las mujeres se han logrado hacer cambios básicos al Estado que en un contexto antidemocrático hubiesen sido más difíciles. Es este escenario el que nos replantea el carácter de ciudadanas considerando que “la ampliación de la ciudadanía de las comunidades, pero además en la ampliación de la representación en los poderes del Estado y de las instituciones políticas y sociales”[10].

Todos estos avances han encontrado su límite en la ausencia de voluntad política del gobierno anterior y en el actual discurso propagandístico de la presidencia de la República. Existe un silencio y ausencia del ISDEMU dentro de las prioridades del ejecutivo y por otro lado un discurso y propagan política en el que las mujeres aparecemos como parte de esa agenda. Después de un año de gobierno, la promesa política de que “las mujeres ya no estarán solas” no se ha traducido en acciones reales y en políticas concretas que contribuyan a resolver las problemáticas estructurales de las mujeres.

Las consecuencias del modelo económico impulsado por ARENA impactan principalmente a las mujeres en diversos ámbitos: como trabajadoras y como responsables del entorno familiar. Mientras, la influencia de los sectores fundamentalistas en las políticas de gobierno se incrementa y estigmatiza el cuerpo de las mujeres y su derecho a decidir. Los pequeños avances que los momentos breves de la transición democrática posibilitaron, se ven ahora amenazados y fragilizados, y con ello también la ciudadanía de las mujeres. Es ante este entorno que se sitúan los retos para las organizaciones y el movimiento de mujeres. Las acciones positivas para el empoderamiento y el fortalecimiento individual y colectivo de las mujeres son la base que posibilitó esos pequeños cambios, por tanto, son los mismos que nos sentimos llamadas a potenciar e impulsar en este próximo período.

[1] IBID, Doller Oller
[2] Shafick Hándal, Cit. Ricardo Ribera, Revista ECA, julio 1994, Universidad Centroamericana José Simeón Cañas.
[3] Ana Lenna. Op. Cit. Candelaria Navas.
[4] Las principales demandas se centraban en aspectos como: Desarrollo Humano y Sostenible con Perspectiva de Género. Reforma Educativa con enfoque No Sexista. Educación Sexual. Erradicación de la Violencia contra las Mujeres. Atención primaria a la salud de las mujeres. Maternidad libre y voluntaria. Acceso a la vivienda. Reforma al sistema judicial para la incorporación de los derechos de las mujeres: violencia, laboral, agrario, familia. Cuotas de participación política, 50% en todos los organismos y cargos del Estado.
[5] Morena Herrera, Op. Cit.
[6] Elsa Morena, Mujeres y Política en El Salvador, FLACSO Costa Rica, San José, 1997.
[7] La Cumbre Mundial para el Desarrollo Social (Copenhague, 1995), Conferencia Mundial de Población y Desarrollo (El Cairo, 1994), Conferencia Mundial de Educación para Todas y Todos (Jomtiem, 1990).
[8] La ley de Violencia Intrafamiliar, Código de Familia, diversos decretos legislativos para la erradicación de la paternidad irresponsable, No. 880, en 1996 para aguinaldo de niñas y niños, No. 954, Finiquito Moral: solvencia de paternidad a los diputados electos.
[9] Ello se confirma en la encuesta de género, llevada a cabo por el Instituto de Opinión Pública y la Asociación de Mujeres por la Dignidad y la Vida en 1999, la cual identifica entre los derechos más mencionados por las mujeres: derecho a no ser maltratada (25.6%), el derecho a ser respetada (19.8%), el derecho a la igualdad (10.2%).
[10] Raúl Leis, Desafíos regionales de la democracia, III Curso Regional para la Formación de Jóvenes Líderes de América Central y República Dominicana, 2000.
Por Ana Cisneros

Qué tal si un fin de semana como cualquier otro te dispones abordar un taxi para ir a una fiesta con tu pareja. De repente, el taxi es detenido por las autoridades policiales, quienes, al pedir los papeles al conductor, se dan cuenta que atrás van una pareja agarrándose la mano.

Los policías se enfurecen al verte con tu pareja. Abren la puerta del taxi. Te gritan obscenidades. Te sacan del pelo. Te tiran al pavimento. Te dan patadas al estómago y en la espalda. Te ofenden. Se burlan de vos. Te manosean. Te arrestan sin cargos. Para colmo, cuando llega el señor de la Procuraduría de Derechos Humanos te da mala orientación legal. Te liberan 72 horas después del incidente. Al final, te quedas con muchos golpes en el alma, en el cuerpo, en tu dignidad, en tu integridad personal.

¿Le pasará esto a cualquier pareja que decida agarrarse de la mano en lugar público o privado, como lo es el asiento de atrás de un taxi de alquiler? Pues esto le pasó a una pareja de lesbianas en San Pedro Sula el día 10 de abril del 2005.

Esta situación no sólo se vive en Honduras, sino también en la privacidad de muchos hogares, vecindarios y comunidades, así como en 61 países en los cuales se aplican enjuiciamiento por razones de identidad sexual. En 70 Estados se prohíben las relaciones sexuales entre personas adultas del mismo sexo y las clasifican como delito de “sodomía”, “crímenes contra la naturaleza”, “perversiones sexuales”, “actos inmorales”.

Ha habido tiempos en los cuales la invisibilidad de las personas homosexuales las ha salvado de agresiones y hasta de la muerte. Por ejemplo, miles de hombres gays y hombres que parecían ser gays eran identificados con un triángulo rosado y condenados a vivir en los campamentos de concentración Nazi durante la Segunda Guerra Mundial. De la misma forma, personas Judías fueron obligadas e identificarse con una estrella amarilla y enfrentar el mismo destino.

A quienes aún les resulta difícil creer que existan espacios internacionales que reconozcan la opción sexual como un derecho humano compartirles que en 1998 el Parlamento Europeo aprobó una resolución afirmando la defensa de la igualdad de derechos para gays y lesbianas y que el Comité de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas ha observado que las leyes que penalizan las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo como “antinaturales” dificultan la labor de prevención del VIH/SIDA. La penalización no sólo genera exclusión y discriminación de quienes padecen la enfermedad, sino también, genera estigma, malos tratos y persecución hacia las personas que trabajan en programas de educación sexual y de prevención del VIH/SIDA.

La sexualidad forma parte de nuestra identidad más profunda y se expresa de acuerdo a las normas sociales y culturales bajo las cuales crecemos. Al igual que la identidad de género, la sexualidad se ha impuesto a través del hecho de haber nacido hembra o macho, de ahí que el determinismo biologicista establece como norma la reproducción y la heterosexualidad obligatoria. Siendo así la construcción de nuestro entorno social ideológico, ¿qué ocurre en la vida de quienes no cumplen con estos mandatos de vida sexual normada?

El estigma, la discriminación, la exclusión o la violencia que incluso puede ser autoejercida son parte de las vivencias de aquellas personas que no cumplen con el modelo de sexualidad impuesto. Esto hace que la experiencia de las personas que viven su sexualidad en formas no socialmente aceptadas se vea muchas veces marcada por exilio interior y silencio exterior.

El sistema ideológico que justifica la violencia contra las personas homosexuales es el heterosexismo, y asume que solo hay una forma de relacionarse sexualmente con otras personas y es a través de la heterosexualidad obligatorio. Bajo esta lógica, para las personas heterosexuales se convierte en aceptable demostrar afecto a su pareja en público, quizás hablar de ésta a sus familias, ser aceptadas o aceptados sin cuestionamientos en su vecindario, iglesia, o ante el profesorado dan del mismo modo con parejas homosexuales, llegando incluso a extremos tan graves como el ejemplo antes mencionado de la pareja de lesbianas hondureñas y su agresión por parte de la policía sólo por ir agarradas de la mano en un taxi.

Es entonces que a la persona que es discriminada por ser homosexual se le acusa, además de causar la homofobia. Culpabilizar a las víctimas es precisamente parte de una cultura autoritaria y opresiva en la que vivimos nuestra sexualidad. Desde una posición de privilegio heterosexual es muy fácil decir que las personas homosexuales tienen un comportamiento sexual perverso o que son desviadas.

De igual forma, decir que ser homosexual es una cuestión privada, un asunto que cada quien decide en la intimidad de su dormitorio, es también decir que la identidad homosexual está limitada únicamente a la actividad sexual, lo que no tome en cuenta la reproducción de relaciones de poder que invisibilizan y violentan los Derechos Humanos de las personas homosexuales. Por lo tanto, decir que el asunto de relacionarse sexualmente con personas de su mismo sexo es únicamente una actividad sexual deja abierta la posibilidad que, por ejemplo, en el caso de las lesbianas, escojan caprichosamente tener relaciones sexuales con mujeres, reforzando la creencia que, en el caso de las lesbianas por ejemplo, estas pueden en efecto dejar de hacer estas cosas “malas” y “pasajeras” sin en realidad lo quisieran.

Una persona homosexual es percibida como alguien que vive fuera de lo moral y lo socialmente aceptado: por lo tanto, no tiene instituciones sociales que le ofrezcan protección ni que garanticen el plena goce de sus Derechos Humanos, comenzando en muchas ocasiones por su propia familia.

Las personas heterosexuales gozan el privilegio de ser aceptadas, no sólo toleradas, sin detenerse a pensar en las retribuciones físicas y afectivas que en pareja o en la familia reciben; también gozan del privilegio de construir redes comunitarias y de apoyo donde pueden expresarse abiertamente y desarrollar su potencial humano. ¿Quién de las personas heterosexuales que leen este artículo renunciaría a disfrutar semejantes espacios familiares y sociales por vivir una sexualidad totalmente voluntaria?

Me parece a mí que disfrutar una vida sin miedo, en familia, en comunidad, sin andarse escondiendo y siendo auténticamente uno o una misma debería considerarse un derecho humano básico. Si las personas con una sexualidad no normada no tienen el derecho a ser las personas que son y de construir comunidad públicamente para conectarse con el resto de seres humanos en sus espacios sociales, entonces, ¿Qué significado tiene todo esto en tiempos en los cuales las redes de derechos humanos comienzan a ser más activas y a expresarse a nivel internacional?

Cabe señalar que los posicionamientos políticos que se sustentan desde ideologías que señalan la sexualidad homosexual como “desorden moral y signo de regresión” como es la opinión del Vaticano, se convierten en graves obstáculos para hablar abiertamente por ejemplo, sobre sexualidad, salud sexual y violencia de género, afectando gravemente a todas las personas, homosexuales o no.
Recordar que sobre los hombros de quienes sustentan dichas posturas ideológicas recae la responsabilidad de que 350 millones de mujeres en el mundo no tengan acceso a servicios de planificación familiar y que 1.2 millardos de jóvenes- heterosexuales, religiosos o no- sufren la amenaza del VIH/SIDA, así como de enfermedades de transmisión sexual, violencia sexual, explotación sexual, embarazos no deseados, abortos clandestinos en condiciones no adecuadas.

Las feministas estamos entre las personas que también debemos tomar conciencia de la gravedad de la discriminación e invisibilización de la existencia lésbica y homosexual en nuestras agendas de trabajo; ya que la exclusión reproduce la misma lógica patriarcal-noliberal que criticamos por colocar la sexualidad como instrumento de dominación y mercantilización. La agenda lésbica como propuesta política pasa desapercibida por una comunidad que se dice sensibilizada y luchando por los derechos de todas las mujeres, lesbianas o no.

La violencia contra las mujeres afecta de forma extrema a las lesbianas, quienes enfrentan formas particulares de violencia y discriminación en sus hogares y comunidades ya que sus vidas se encuentran bajo la amenaza de ser agredidas por optar por una sexualidad no normada y por los costos de ser percibidas como mujeres que han adquirido independencia sexual de los hombres. ¿Acaso la independencia y autonomía sexual de las mujeres no es una amenaza al orden de los cánones establecidos por el sexismo?

Igualmente, es importante recordar que la lucha contra las estructuras de dominación patriarcal tales como la OMC, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, los inhumanos tratados comerciales como el Tratado de Libre Comercio son un compromiso de feministas, lesbianas o no, así como de movimientos sociales internacionales y revolucionarios.

Lamentablemente, para las lesbianas y otras personas homosexuales, transexuales, bisexuales y transgénero aún se mantienen bien cerradas las puertas de los closets, inclusive de movimientos sociales progresistas, debido a la persecución a la que están sometidas al optar libremente amar a otras personas de su mismo sexo a pesar de las contradicciones y odio que esto genera. Sin lugar a dudas, las puertas de los closets- de todos los hogares e instituciones, inclusive de las oficinas de los ministerios y otras entidades del Estado- deberían abrirse del todo como condición sine qua non para la consecución de una sociedad justa, igualitaria y basada en el respeto a los Derechos Humanos.







Por América Romualdo y Margarita Velado

Como activistas de los Derechos Humanos de las mujeres, buscamos evidenciar las prácticas, costumbres, políticas y normas que en nuestra sociedad matan, silencian y subordinan a las mujeres. Porque estamos convencidas de que es producto de un sistema injusto que fomenta el desprecio y odio por las mujeres.

Por eso, las mujeres en El Salvador vivimos en una inseguridad total. El Estado es incapaz de garantizar la vigencia del derecho de las mujeres a vivir libres de violencia, discriminación y acceder a una justicia eficaz, porque aún no asume su responsabilidad en la reproducción de ese sistema injusto para las mujeres, que lo hace cómplice de la violencia contra ellas.
Es importante destacar que la violencia en contra de las mujeres es una violencia grave de los Derechos Humanos internacionales y en alguna legislación nacional. Debido a los patrones de conducta de la sociedad y a la inacción del Estado para prevenir y sancionar todas las formas de violencia en contra de las mujeres sigue siendo un problema cotidiano y en aumento para todas las mujeres salvadoreñas.

A diez años de haber ratificado la “Convención para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia en contra de la Mujer” la violencia no sólo no ha disminuido, sino que, por el contrario, se ha incrementado y han aparecido nuevas formas de violencia como son los feminicidios.

¿Qué significa feminicidio?

Llamamos feminicidios a las muertes motivadas por el odio a las mujeres. Estas mueren a manos de esposos, compañeros de vida, o personas con quienes tuvieron alguna relación de pareja estable o no; mueren a manos de sus progenitores, familiares o amigos y mueren a manos de cualquier individuo que piensa que las mujeres son objeto de apropiación y control, a tal punto de creer que la vida de las mujeres no tiene valor.

Las feministas somos las que concretamente denominamos al proceso de exterminio de las mujeres feminicidio; y no sólo a manos de las personas unidas mediante relación sentimental, sino en todos los casos en que se percibe que la causa es el odio hacia las mujeres, casos que la mayoría de las veces quedan impunes por la pasividad del Estado ante estos hechos.

Los feminicidios: expresión de la barbarie patriarcal. Situación de la mujer en Guatemala y en El Salvador.

En el año 2004, la relatora de la Organización de Naciones Unidas Yakin Ertük, visitó nuestro país como parte de una gira por Guatemala y México para verificar la situación de la violencia contra las mujeres y los asesinatos de estas. También Susana Villarán, relatora de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, visitó Guatemala y criticó la precariedad de los recursos que el Estado de Guatemala destina para la investigación de los feminicidios.

En el informe, la relatora Villarán constató que en Guatemala durante los años 2001 a 2004 se registraron 1,188 asesinatos de mujeres. Sólo en el año 2004 se registraron 352 feminicidios, el 21% fueron precedidos por violencia intrafamiliar y las víctimas en su mayoría, pese a haber solicitado las medidas de protección no las obtuvieron. Un 20% se le atribuye a las maras y en el 48% de los casos no se ha identificado al agresor.
En El Salvador, la Comisión de la Familia, La Mujer y la Niñez solicitó en mayo 2005 al director de la PNC un informe exhaustivo sobre los homicidios en contra de las mujeres con el objetivo de erradicar la impunidad en los referidos homicidios. La PNC rindió un informe con muchas debilidades que no permite analizar la situación de los feminicidios.
El informe de la PNC indica que del año 2001 al 2004 ocurrieron 677 homicidios contra mujeres y que se realizaron 195 detenciones, lo que representa un 28.8% del total de homicidios. Además, esto no significa que el feminicidio haya sido condenado por el delito. El informe no trasciende de lo obvio y carece de datos específicos.
Como vemos, nuestro país está en condiciones más precarias que Guatemala, ya que ni la PNC ni la Fiscalía utilizan como es debido la información que las mismas víctimas brindan. No olvidemos que el Estado de El Salvador está obligado mediante la “Convención de Belem Do Pará” a actuar con la debida diligencia para investigar los casos y así lograr sancionar a los responsables. Todo ello envía un mensaje de terror e intimidación a un grupo social determinado, a las mujeres y a la sociedad en su conjunto. También es relevante apostillar que la mayoría de las víctimas son mujeres jóvenes.
Denuncias de delitos cometidos contra mujeres, niñas y niños. 2001-2004

La situación de los feminicidios no es simplemente una cuestión numérica, sino que existe un recrudecimiento generalizado de violencia a nivel nacional debido a un contexto que la potencia. Los datos que a continuación detallamos lo reflejan.
Durante el mes de mayo de 2005, según fuentes públicas, han asesinado a 10 mujeres, entre estas a una psicóloga del Juzgado de Familia de Santa Ana. Del total de feminicidios, 6 han muerto junto con sus hijas y dos de ellas a manos de sus esposos miembros de la PNC. Las edades de las mujeres adultas oscilan entre los 18 y los 45 años.

El peligro de quedar atrapadas en las construcciones sociales

Es necesario reiterar que nuestra conducta y forma de pensar es producto de una construcción social que se recrea día a día. Muchas veces las conveniencias sociales impuestas están tan arraigadas en nuestro inconsciente que llegamos a ver como “normales” o “habituales” y sin solución un montón de situaciones que no lo son en absoluto. En nuestra sociedad está permitido, por ejemplo, que los más pobres aporten más al desarrollo social; sólo analicemos las siguientes situaciones:
* La imposición del IVA a los productos de la canasta básica.
* La estrategia de subsistencia de las remesas familiares.
* La falta de escrúpulos a la hora de llamar histéricas a las mujeres intoxicadas de unas maquilas. * Aún estamos esperando la investigación del Ministerio de Trabajo.
* El envío por parte del Gobierno de tropas a Irak, aún a sabiendas de que esa decisión perjudica a las mujeres.
* El feminicidio en contra de la niña Katya Miranda todavía está en la impunidad.
Por todas estas injusticias, las feministas salvadoreñas desde hace más de dos años hemos venido denunciando y presentando peticiones para que se fortalezca la investigación para estos hechos. Pero nos encontramos frente a la indiferencia institucional que se manifiesta en mínimos recursos dedicados a prevenir y erradicar los feminicidios y en una gran apatía a la hora de investigar los hechos. Esto fortalece el sistema de injusticia contra las mujeres, reforzando que la idea de que su vida en El Salvador No Vale. Las feministas de muchos otros países del mundo, seguimos proponiendo:
* La legislación sobre violencia integral contra las mujeres y sobre el feminicidio como delito de lesa humanidad.
* La atención y el apoyo institucional a las mujeres víctimas de violencia.
* El fin de la impunidad. Los gobiernos deben asumir su responsabilidad y mostrar su compromiso con el esclarecimiento de los hechos y el castigo a los culpables.
* La reparación del daño.

Estamos convencidas de que es vital que nos unamos todos y todas para poner fin a las tradiciones, prácticas y las leyes que perjudican a las mujeres. Es una lucha por la libertad de las mujeres para ser protegidas como humanas, sin necesidad de pedir permiso para hacer lo que nuestra razón nos dicta.

Los testimonias que vienen a continuación quieren transmitir un mensaje de aliento y de ánimo a muchas mujeres. Quieren contar cómo, a pesar de la falta de políticas públicas enfocadas a favorecer la equidad de género, hay mujeres que ahora reconocen sus derechos y son capaces de defenderlos.

Y que a pesar del retroceso en el tema de Derechos Humanos que se está produciendo en El Salvador, existen mujeres que han superado situaciones difíciles de opresión y de violencia. Que han aprendido que su vida continúa mucho más allá de los espacios privados. Mujeres que ahora son conscientes de que aguantar la violencia en cualquiera de sus facetas supone aceptar una violación de sus derechos y que ser sumisas sólo es asumir otra de las imposiciones de la sociedad patriarcal.

Aquí presentamos las declaraciones de siete mujeres empoderadas que han elegido la autodeterminación. Que han optado por encontrar su propio camino. Estas solo son las primeras.

María Esperanza Alvarado
Participó en un curso de alfabetización económica impartido por Las Dignas.

Conocí a Las Dignas por medio de una compañera del Centro Atención del Distrito V, la Alcaldía de San Jacinto, porque yo colaboro allí en lo que puedo. Estando allí me invitaron a capacitaciones, vine al curso de alfabetización económica, que me gustó mucho. Yo desconocía todo esto antes, que existían estas organizaciones…

Este curso me ha aportado mucho. Primeramente, me enseñó a ser más consciente de todo, más liberal, porque yo siempre había sido demasiado sumisa, por decirlo de alguna manera. Demasiado esclavizada. Las Dignas me ayudaron a abrir los ojos y a cambiar mi sistema de vida, mi rutina.

Nos hablaron de TLC (Tratado de Libre Comercio) y de proyectos que tenía el gobierno que nos perjudican muchísimo a nosotras; y nos dieron nociones de comercio, porque hay muchas compañeras que trabajan en el mercado.

Esto la cambia bastante a una. He aprendido mucho de la convivencia con las compañeras, la participación, las ganas de la gente. Y me han hecho mucho bien en muchos aspectos, he aprendido a valorarme a mí misma, a tomar tiempo para mí.

Una cosa bien bonita que pasé allí es que hicimos un sociodrama como tipo mercado, como si fuera realidad. Eso me gustó mucho. Y todas las demás dinámicas que vivimos allí. Una que me divirtió mucho fue la de la “orquesta loca”, consistía en que cada una éramos un instrumento de música. Y esto servía para relajarnos y dejar la mente en blanco si algún día veníamos aburridas o estresadas o con algún problema de casa. Porque, como ya le digo, allí hay una convivencia muy bonita, entre todas nos conocemos, así que ya te sientes en ambiente.

Yo pienso que Las Dignas están trabajando bastante bien. Lo único, animarles a que sigan adelante llevando a cabo este tipo de capacitaciones, porque yo siento que a una también la sacan de su vida diaria de la rutina. Yo estoy como loca por volver a hacer algo así.

Jasmina Margarita Turcios
Trabaja en promoción de los Derechos de las mujeres. Participó en la Escuela de Debate Feminista.

Estuve en un grupo de sensibilización, trabajando con una psicóloga. Y todo el contacto con ellas empezó por una respuesta que mi hijo mayor me dio. Él sentía que yo estaba muy encima de él, tratando de controlar todo, y me dijo: “Constrúyase una vida para usted”. A raíz de eso comencé a buscar y fue una sorpresa para mí encontrar a Beatriz. Esto fue por el año 95 ó 96. Y en la Escuela de Debate Feminista ya hacía años que tenía ganas de participar, pero nunca había tenido el espacio hasta el año pasado.

Ha significado más conocimiento, el saber contestarme muchos por qués. Por qué las mujeres nos comportamos de ciertas maneras, por qué las mujeres vivimos este tipo de socialización. Aprendí que hay diferentes tipos de feminismo, a veces la gente en la calle tiene miedo de esta palabra ¿verdad? (se ríe). Gracias a ella ahora puedo leer con más propiedad y puedo rechazar algunas cuestiones con las que no estoy de acuerdo.

Ahora cuestionó algunas cosas que no me parece que sean justas para nosotras. Así que sí pienso que he aprendido bastante. Y este ejemplo también se lo estoy enseñando a mis hijas, transmitiéndoles que no tienen que tener hijos por obligación, que las mujeres podemos optar a otras cosas.

Yo creo que una de las cosas que quizá se quedan cortas en la Escuela de Debate es que se tocan temas que nos mueven los sentimientos a muchos y después no se hablan demasiado, se corta. Recuerdo, por ejemplo, el tema de las mujeres insertadas en la guerra. A mí me gustaría que se diera más tiempo, porque ya se sabe que los procesos emocionales llevan tiempo, y es lo que la escuela no tiene porque hay que ir avanzando con el temario. Entonces hay cosas que se quedan como en el aire.

Una de las cosas que más me llamó la atención es que se crea como una magia con la comunicación entre las mujeres y nos soltamos a hablar, encontramos en la escuela espacio. Y quizás lo que más me gustó fue ver mujeres jóvenes, diferentes, decidiendo por ellas mismas, hablando de sexualidad…

Paola Rosales
Profesora del Complejo Educativo Ingeniero Guillermo Borja Nathan. Pertenece a la Red Docente para la Equidad de Género.

A las Dignas las conocí a través de una amiga, ya que su institución habían llegado ellas previamente a trabajar. Así las conocí y les pedí ayuda para que vinieran aquí a la escuela a trabajar. Se empezó a trabajar con la sensibilización de docentes mediante capacitaciones.

La sensibilización de género cambia todo esquema de vida, también a nivel personal, se forma otro pensamiento diferente. Incluso el trato y la convivencia con los hijos cambian, y se ven otras posibilidades para nuestras hijas.

Hay tantas cosas que contar…pero algo que me ha llamado la atención, y me ha gustado muchísimo es el cambio mental de las jovencitas, yo ya no estoy muy detrás de ellas porque ellas mismas han aprendido a defenderse. En primer lugar el vocabulario, si cualquier docente o cualquier persona viene a dar una charla y dice algo con lo que no están de acuerdo, ellas se paran y lo dicen: y en segundo lugar, ellas saben en qué consiste el acoso y no se dejan.

Ellas denuncian de frente. Y no solamente de las chicas, porque parece que todo el mensaje va dirigido sólo a ellas, pero no. Muchas iniciativas vienen por parte de los varones. Si ellos ven que hay algo anormal, que a las chicas se les está involucrando en algo injusto, ellos las incitan a que hablen y se quejen, y las apoyan. Las respaldan en sus decisiones. Estoy contenta porque pienso que éste es un aprendizaje de ambos. Ellos están aprendiendo cuál debe ser su papel en la sociedad para con las mujeres, y ellas también; pero ten en cuenta como la mujer tiene muchas más restricciones desde que nace, le cuesta más salir. Pero encuentra apoyo en sus compañeros.

He desarrollado, sobre todo capacitaciones de género. Hay también un grupo promotor de género, integrado por diez alumnos y alumnas. Cuando ya se reúne este equipo, son los que van a las capacitaciones y vienen después a hacer efecto multiplicador acá. Y ahora también hemos montado el “Teatro no sexista” al que se apuntan sobretodo chicas y chicos que estén interesados en el teatro y que tengan habilidades para ello.

El modo de trabajo de Las Dignas sí me gusta. Lo único que mejoraría es que antes para las capacitaciones se entregaban más panfletos, más información para poder darles a las muchachas y a los muchachos y ahora hay menos.

Maribel Hernández
Participa en la Concertación Feminista Prudencia Ayala y en la Escuela de Debate Feminista.

En el año 92 conocí a Las Dignas a través de una amiga. Ella me decía que me vendría bien entrar en contacto con ellas por el estado de violencia en que yo vivía. Yo estuve 10 años casada con un hombre que me golpeaba, y cuando yo conocí a Las Dignas yo recién me acaba de separar de mi segunda pareja, que también me maltrataba.

La verdad que cuando llegué estaba muy mal, mi salud, mis hijos… no le veía salida a la situación. Hicimos un programa muy lindo, un programa cerrado, es decir, era un contrato que firmamos al iniciar y no podía entrar nadie más, porque íbamos a tratar temas muy privados. Era como un renacimiento, eran 9 meses. Como volver a renacer a una nueva vida. También había grupos de apoyo y terapias individuales, a mi me ayudaron muchísimo.

Las Dignas me han permitido convertirme en la mujer que soy ahora, me siento feliz. He logrado como mujer el éxito que quería, he logrado mi propio negocio, trabajar en lo que quiero, recuperar mi autoestima, saber que no necesito a nadie a la par mía para vivir, para, como mujer, existir. Antes mi vida era puro sometimiento. Ahora tengo mucho más claro lo que es la violencia en todos los aspectos y me dedico a ayudar a otras mujeres, esa es una de mis misiones más grandes. Y admiro mucho esta institución porque ellas han sido las pioneras en el país, las que han puesto la cara y han roto los esquemas y este sistema tan difícil en el que vivimos.

Cuando a las chicas del programa de violencia creyeron que ya teníamos bastante tiempo pues nos vieron preparadas para que reprodujéramos el proyecto, y entonces entramos a formar parte de los grupos de apoyo pero de Las Dignas, en los programas, como voluntarias. Ya sabíamos un poco más de todo lo que era violencia intrafamiliar, pero creyeron necesario formar un programita donde nos preparan como para que nosotras también pudiéramos formar nuestros grupos de mujeres violentadas en nuestras comunidades. Y así nos empezaron a dar enseñanzas sistemáticas, sobre cómo tratar a mujeres violentadas, cómo convocar prensa…Tras todo esto a mí me entraron ganas de ir a la Escuela de Debate, pero todavía mi personalidad no tenía suficiente estructura y además tenía 5 hijos que cuidar.

Yo siento que todo mi vida con Las Dignas fue una anécdota (se ríe). No, pero una anécdota que nos sucedió es que estuvimos preparando una campaña para hacer en el día de la No Violencia, y se nos ocurrió ir al mercado y hablar con las mujeres de allá sobre el acoso sexual, para empoderarlas. Presentamos el proyecto a Las Dignas y les encantó, así que fuimos al mercado a preparar gente, a hablar con las mujeres… con papeletas, pancartas y demás. Pues cuando los hombres se dieron cuenta de lo que veníamos a hacer, empezaron a tirarnos mandarinas, tomates... porque vieron que estábamos hablando a las mujeres de que ellas no tenían que aguantar el acoso sexual y que podían denunciar, y a ellos no les convenía.

Yo creo que sería importante trabajar con las jóvenes y las niñas violentadas. Porque es cierto que la ayuda llega cuando ya estamos bien arrastraditas, bien golpeaditas…Es triste cómo las jovencitas empiezan su vida ya sumidas en la violencia y ellas ni siquiera se dan cuenta.

Luisa Guadrón Urquillo
Asiste a las reuniones sobre el tema de violencia.

Pues hace más de un año vine a Las Dignas. Yo primeramente, por el problema de violencia que tenía, comencé yendo al Seguro; allí me atendieron en salud mental. Pero yo sentía que necesitaba más, y una vecina me recomendó la Casa Maya. Ya allí, una trabajadora me aconsejó acudir a Las Dignas.

Venir acá fue muy importante, ya que yo estaba intentando averiguar sobre asesoría jurídica y también psicológica. Yo sentía que ya me ahogaba. Pero a través de oír casos de las demás compañeras que vienen, va una aprendiendo y tomando conciencia de que no tiene sentido estarse aguantando toda la vida solamente porque una no ha estudiado y no está preparada. Por esto la marginan a una y parece que la condenen a aguantar todo lo que le venga encima, sobre todo el marido o el compañero de vida. Él cree que jamás podrás tomar la decisión de quedarse sola, y menos con los niños.

Psicológicamente he mejorado mucho. Porque yo antes no era feliz, mi compañero y yo salíamos pero aquello sólo era ya apariencia. Yo estaba mal, nunca sentí ningún apoyo por su parte. Yo antes me deprimía bastante. Ahora ya no me sucede eso. No he superado del todo, pero estoy en camino. Ahora me pregunto por qué he aguantado ciertas cosas tanto tiempo.

Algo que me ha llamado la atención y que me ha gustado es el trato que dan, y la atención psicológica. Si no me hubieran apoyado así, yo creo que no habría podido con esto. Una viene aquí buscando ayuda y recibe un apoyo incondicional. Y no sólo de Las Dignas, sino también de las demás compañeras, con las que haces gran amistad. Es bonito el apoyo que nos damos entre todas. Y también los talleres nos ayudan.

Yo no siento que en ningún momento haya algo que no me guste por parte de ellas. En todo lo que les he pedido apoyo me lo han dado, por ejemplo ahora que ando con los papeles, siempre hay una chica que me acompaña y me ayuda. Les estoy sinceramente muy agradecida.

Patricia Dubón
Trabaja en la Coordinadora Nacional de la Unidad de Defensa de los Derechos del Trabajador

En junio de 2003 Las Dignas se acercaron a nosotras para ofrecernos un apoyo que podían darnos, porque estaban más cerca de las mujeres de las maquilas, que acuden donde ellas a pedirles ayuda. Las Dignas las remitían a nosotras. En diciembre de 2003 hicimos un convenio de cooperación, que iba a consistir en que Las Dignas nos iban a remitir a las trabajadoras y también trabajadores para que nosotros les atendiéramos.

Como ellas apoyan con el tema del trabajo en las maquilas, quizá son las que más se acercan a las mujeres, porque nosotras no tenemos oficinas móviles. Nosotras las apoyamos con datos estadísticos y capacitaciones. También ellas nos han ayudado con la divulgación de derechos laborales.

Los derechos laborales van cambiando, va habiendo nuevas formas de contratación y estrategias de los empleadores que, lamentablemente, violan muchas veces los derechos de los trabajadores y trabajadoras. Entonces, nosotras propusimos a Las Dignas realizar unos folletos informativos sobre derechos laborales que se llaman “Conozcamos nuestros derechos”.
Y así, los publicamos. Ellas nos apoyaron a través del Programa de Justicia Económica. Es un folleto que les ha servido a las trabajadoras y trabajadores para informarse de sus derechos y obligaciones.

Este trabajo con Las Dignas más que nada he conseguido tomar conciencia. Entender que muchas veces, como mujeres, permitimos muchas cosas. Se consciente que todavía siguen existiendo muchas barreras e injusticias entre el hombre y la mujer, por ejemplo en los salarios. Nosotras y nosotros aquí estamos cerca de los trabajadores y trabajadoras, no vemos diferencias entre los sexos, sólo protegemos sus derechos.

Como anécdota recuerdo una capacitación que nos dieron sobre Género y Trabajo, en la que fuimos analizando cómo desde las escuela ya te van inculcando diferencias y estereotipos de género; y que esto se da incluso en la familia, por ejemplo cuando las mamás no permiten que los hijos hagan las tareas de casa, y sin embrago, las hijas sí. Ahora yo trato de dar una educación justa e igualitaria a mis hijos e hijas. Aprendí mucho y me sorprendí de todos los estereotipos que nos son transmitidos desde que estamos bien chiquitas.

Sobre el trabajo de Las Dignas, la verdad es que no tengo ninguna observación negativa de ellas, hemos logrado estar en sintonía. Ellas siempre han mostrado gran apertura hacia nosotras. Creen en el proyecto que manejan y tienen un peso importante en la sociedad.

Wendy Mercedes Grande Alvarado
Estudiante de derecho. Voluntaria en el Programa de Violencia.

Yo acudí hace casi tres años a Las Dignas para realizar un proyecto de horas sociales, porque soy estudiante de la UCA. Me recibieron, me dieron capacitaciones y comenzamos a trabajar dando atención a mujeres que sufren violencia. Básicamente es asesoría jurídica. Terminé en unos 6 meses mis horas sociales y continué como voluntaria, realizando el mismo trabajo, porque me gustó mucho.

Siempre doy asesoría legal a mujeres, acompañamientos para ir a los juzgados cuando lo necesitan, ir con ellas a la Procuraduría… ahora últimamente estoy colaborando también con el Programa de Educación, dando charlas en un centro educativo a chicas que están enfrentando violencia.

Las Dignas me cambiaron completamente la vida. Ellas me han dado unas herramientas que yo necesito para tener una vida feliz, para tener un pensamiento mucho más crítico. Siento que me he empoderado muchísimo, personalmente he cambiado, ya no soy la misma, y los cambios han sido positivos. Tengo mucha más conciencia sobre mis derechos y soy mucho más madura como mujer.

Recuerdo que me impactó mucho el caso de una mujer a la que dimos acompañamiento. Ella estaba solicitando cuota alimenticia y me enviaron a acompañarle porque la gente de la Procuraduría no quería asistirle debido a que ella era una persona no letrada, no había estudiado. Allí la trataban mal, le gritaban…Lo más impactante fue que incluso a mí, cuando llegué con ella, y estando respaldada por una ONG, me trataron igual, me gritaron. No nos dejaron ver el expediente y mucho menos hablar con el abogado. Fue muy desagradable.

Metieron al final a la señora en un cuarto con la abogada y aunque empezaron a gritarle. Yo, en ese momento, estaba muy enojada y, aunque no me permitían entrar, entré. Me identifiqué ante la abogada y ella me dijo que no había problema, que la atenderían bien, pero no le creímos. Así que decidimos enviar un documento a la Procuraduría de Derechos Humanos. La Procuraduría llamó a las personas que nos habían atendido porque les dimos sus nombres e incluso ofrecieron a la señora denunciarles.

Al final, se logró sacar bien su caso. La atención y le dieron la cuota que ella solicitaba. Algunos casos como este salen bien, otros no, cosa que no deja de darte importancia. Pero da mucha rabia que muchas mujeres, por el simple hecho de ser mujeres y a veces iletradas, no les creen que sean víctima de violencia. Así, además de sufrir violencia en su casa, también son violentadas en estas instituciones.

Del trabajo de Las Dignas sólo que quizá lo que podrían mejorar es que hubiera más cooperantes y se desarrollaran más proyectos. Por lo demás, me gusta mucho la manera de trabajar.
Por Beatriz Villanueva Martín

¿Qué es la publicidad?


Dentro de la sociedad en la que vivimos, denominada sociedad de consumo, la comercialización de los productos y servicios se apoya una forma u otra en la publicidad. La publicidad es el conjunto de métodos y técnicas para dar a conocer un producto o un servicio, e inducir a su compra y consumo. La publicidad se difunde mayoritariamente a través de los medios de comunicación social clásicos, es decir, prensa, radio, televisión y, en los últimos años, por Internet. Pero han surgido en los últimos tiempos gran diversidad de medios y soportes alternativos que han permitido que cada vez la publicidad abarque más espectro de población y, a la vez, sea más individualizada.

La publicidad debe buscar un mensaje único que permita ofrecer beneficios concretos al consumidor. Para ello, se elige la característica más destacad, exclusiva o novedosa del producto y se basan las argumentaciones en ella. Al ser cada vez más individualizada, trata de estudiar de manera exhaustiva los públicos a los que va dirigida una campaña.
Esto supone indagar sobre su edad promedio, clase social, modo de vida, gustos, actividades de ocio, ocupaciones, motivaciones, necesidades, inseguridades, etc. El investigador publicitario, antes de elaborar un mensaje, analiza el comportamiento de los consumidores, intenta conocer sus más íntimos anhelos, sus frustraciones, sus prejuicios, para devolvérselos, más tarde como envoltorios y reclamo del producto.

Los publicistas son conscientes de que el símbolo publicitario debe ser fácilmente perceptible y reconocible para ser eficaz. Por eso usan formas claras y sencillas, símbolos gráficos y eslóganes, breves y originales. Y también motivaciones que subyacen bajo el diseño y los eslóganes de los anuncios son motivaciones muy básicas del ser humano, y que tienen gran influencia y fuerza en la psique individual y colectiva. Algunas de las motivaciones pueden ser la necesidad de autorrealización, la seguridad, el reconocimiento de los demás hacia los propios logros, el ansia de poder, el dinero o poder económico y adquisitivo, la dominación y, sobretodo, el sexo, pero el sexo utilizado por los hombres como instrumento para obtener poder, poder ante los hombres y sobre las mujeres.
La publicidad, a través de estas motivaciones, reproduce de manera más o menos evidente una serie de estereotipos, prejuicios y creencias que perpetúan las desigualdades del sistema machista y patriarcal, que, por supuesto, perjudica a las mujeres reduciéndolas en muchas ocasiones a su esfera sexual.

Estereotipos machistas que muestra la publicidad

Hay que ser concientes de que la publicidad goza hoy en día de una gran cobertura e incidencia social, es decir, la gran mayoría de la población recibe los impactos publicitarios continuamente y sus comportamientos están fuertemente influidos por ellos. A esto es a lo que es importante dar importancia. La publicidad, como parte integrante de los contenidos de los medios de comunicación social, influye poderosamente en toda la población, conforma el imaginario colectivo e intercambia con la sociedad en su conjunto tendencias, modas y estereotipos culturales.

Esto significa que, día a día, todos estos estereotipos y prejuicios machistas que perpetúa la publicidad continúan impregnando nuestro inconsciente y grabando en nuestro cerebro toda una serie de desigualdades y de injusticias, reduciendo a la mujer a la posición de mera espectadora pasiva de los logros del hombre, al papel del objeto sexual (ni siquiera de sujeta, ya que ella no toma sus propias decisiones, sino que busca al hombre como única manera de sentirse realizada) y limitándola a la vivencia de las características que históricamente han estado ligadas a la feminidad, como la dulzura, la subordinación y la pasividad; al papel de madre y cuidadora y su protagonismo en el ámbito privado, en el hogar.

Por el contrario, se sigue mostrando a los hombres como protagonistas de las esfera pública, de las relaciones sociales, como aquellos que deciden sobre el sexo y sobre su relación con las mujeres, y a los que se les valoran muchas más cualidades por encima de la mera belleza física, como la inteligencia, sus logros personales, su capacidad de liderazgo, etc.

Así que nos encontramos con que la publicidad hace eco de las injusticias que la sociedad promueve para con las mujeres por el simple hecho de haber nacido mujeres. Por lo que nos sugieren los comerciales, especialmente los dirigidos a chicas adolescentes, si una mujer no está integrada dentro de los cánones de belleza que imperan en la sociedad y que ésta exige, todo le va a resultar mucho más difícil. Para cualquier objetivo que quiera alcanzar una mujer le va a ser requerido un nivel de belleza. A la hora de buscar un trabajo, por ejemplo, está muy valorado un buen físico; las empresas justifican esto argumentando cínicamente que aporta una imagen adecuada a la organización; e ignorando que lo realmente válido en una persona (sea mujer u hombre) son sus capacidades y habilidades personales y su validez para desempeñar ese trabajo. Con los hombres esto no ocurre con lo cual nos encontramos de nuevo ante una gran discriminación hacia las mujeres.

Y de hecho, en publicidad, la nueva imagen de mujer “moderna y liberada” nos muestra una fémina que, sin haber conseguido todavía compartir de manera justa con el hombre las tareas domésticas – salvo en la ficción o en casos excepcionales, también ha accedido al mundo laboral; además tiene hijos, es una estupenda madre, una apasionada amante y posee un aspecto físico envidiable. Y este es el estereotipo de mujer que ha dado a luz la publicidad en los últimos años y que se ha trasladado a la sociedad, que nos hace ver la relación bilateral y de retroalimentación que se produce entre estos dos entes, la sociedad y la comunicación persuasiva.

Las mujeres que han adquirido atributos asociados tradicionalmente a la masculinidad (profesionalización, independencia económica) con el objetivo de poder equipararse a los hombres y competir con estos en diferentes espacios, ganando por ellos muchos derechos. Sin embrago, no se ha desligado de ciertas obligaciones. Y aunque ahora la mujer es una sujeta política y jurídica, no ha dejado de ser, en muchos casos, un objeto – de maternidad, de sexualidad-. Las mujeres han ganado derechos, pero los han sumado a las obligaciones que ya tenían sin desligarse de ellas o compartirlas con los hombres.

El discurso publicitario está repleto de imágenes estereotipadas, ya que para evitar el enfrentamiento dialéctico con las audiencias, necesita ofrecer una representación de un mundo feliz e ideal. Los creativos publicitarios reencarnan la búsqueda de una realidad perfecta y diferente a la propia realidad y los mismos creadores de imágenes reivindican el derecho a soñar una tierra prometida (la publicidad, en este sentido, no habla del mundo sino que lo construye, lo simula). Pero esto al final lo que genera en los públicos (especialmente en aquellos más vulnerables, como las mujeres adolescentes) es una sensación de vacío y frustración al no poder alcanzar esa vida, o cuerpo, o belleza ideal que la publicidad no promete.

Los tipos de mujer que muestra la publicidad

- La mujer ama de casa. Esa mujer es la que consume su tiempo realizando las tareas domésticas y no trabaja fuera de casa. A menudo aparece como una persona de bajo nivel cultural o preocupada solo por problemas funcionales y de poca trascendencia. Y cuando nos referimos a publicidad específicamente, nos vamos a encontrar con polos opuestos en referencia a la mujer: el ama de casa (mujer asexual e ignorante) y la mujer inteligente, erótica y despampanante, que es aquella que trabaja fuera de casa. ¿Y por qué la retribución de un trabajo es lo que dignifica y valora este trabajo? Porque estamos inmersos en una sociedad de consumo.

- Mujer “bella”. Este es el estereotipo más representado sobre la mujer. Como ya dije antes, a lo que más valor otorga hoy en día nuestra sociedad es la posesión de un cuerpo perfecto, que supone garantía de éxito. Del varón se espera que sea fuerte, seguro e inteligente, mientras que de la mujer se espera que sea maternal, dócil, aunque también inteligente y, sin lugar a dudas, bella. La paradoja de la mujer de nuestra era es que a pesar de haber adquirido mayor independencia económica, educación y autonomía como nunca antes en la historia de la humanidad, se siente aún insegura frente a su propio cuerpo y se somete sin vacilar a este mandato cultural absurdo.

- Mujer “sexual”. Los medios de comunicación y la publicidad imponen modelos imposibles de igualar para las mujeres “reales”. La mayoría de las veces las exigencias de la sociedad son despiadadas, hay que adecuarse a la moda, la estética. Todo esto da por resultado la mujer altamente sexuada, pero sin cerebro, la que no se guía por su inteligencia, sino por su cuerpo.

- Se desprende un gran sexismo de la publicidad. Nos venden “La supermujer”, que es la mujer que lo hace todo con éxito, que es bella, que seduce y es muy sexual, que tiene éxito profesional, una casa extraordinaria, unos niños maravillosos y un marido satisfecho. El papel más importante de las mujeres es tener éxito tanto con los hijos como con su casamiento. Eso sí, hay que tener en cuenta que una mujer puede y casi tiene como obligación ser bella, pero si gana más dinero o tiene más éxito profesional que el hombre, nuestra sociedad no la tolera. La mujer puede y debe superarse en cuanto a su belleza con el objetivo de agradar al hombre, pero no puede permitirse ganar más dinero que él porque esto supondría “estar por encima”, situación que el machismo tan fuertemente instaurado en nuestra sociedad no permitiría.

-La “mujer diez”. Es la mujer que piensa que conseguirá la realización personal mediante el máximo de experiencias sexuales. Esto no se corresponde con la realidad social, ya que, dentro de nuestra sociedad altamente machista, se penaliza que una mujer ejerza su libertad, sea dueña de su vida sexual y de su cuerpo. Con lo cual llegamos a otra contradicción, ya que nos es vendido un ideal que en nuestro imaginario colectivo se establece como una gran realización personal pero no podemos ejercerlo ya que la sociedad patriarcal no nos lo permite. Además, como ya dije antes, este ideal de mujer reduce a las féminas únicamente a su esfera sexual sin tener en cuenta para nada las cualidades relacionadas con sus capacidades intelectuales o humanas.

¿Qué conclusiones obtenemos?

Debemos ser conscientes de que existe una manipulación de los valores, imágenes y fantasías sociales. Mediante la configuración de estos valores a través de la estructura del discurso publicitario se está reforzando y alimentando el consumismo y la mentalidad superficial, y perpetuando la cultura altamente machista que no permite a la mujer desarrollarse plenamente a nivel individual y en la sociedad.

Una dicotomía y una fuerte “doble moral” en nuestra sociedad, que el discurso publicitario reproduce. Se nos muestra como ideal la mujer autosuficiente, independiente, dueña de sí misma y de su sexualidad…Se nos induce continuamente a posicionar el sexo como una prioridad en nuestra vida, e introducirnos en la cultura consumista, a ser poseedoras de buenos estudios y conseguir independencia económica…pero nos sigue vinculando de manera muy fuerte a nuestros roles tradicionales, a las labores domésticas y al sexo no enfocado al placer, sino a la maternidad, lo cual representa una gran contradicción porque de ninguna manera se están atacando de manera estructural las raíces de la desigualdad entre mujeres y hombres. Y debemos tener muy en cuenta que en nuestra sociedad esta doble moral tiene mucho peso, ya que lo que en realidad se espera de la mujer es que sea tradicional, remilgada y sumisa, y que se siga sometiendo al rol dominador del hombre sin cuestionar.

Por lo tanto, este tipo de discurso afecta negativamente a la mujer y es otro instrumento más de represión del sistema establecido, sobrevalorando y reafirmando la cultura de culto al cuerpo y a la perfección y, al mismo tiempo, manteniendo la imagen de una mujer bajo el yugo de los masculino y carente de capacidades intelectuales y poder de decisión.